el León de la tribu de Judá, la Raíz de David

Cachorro de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío.

Tenemos también la palabra profética más segura

Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos HOMBRES DE DIOS hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida

Pero levantándose Pedro, corrió al SEPULCRO; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Porque en él fueron creadas todas las cosas

El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo

El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto

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AMIGO DE DIOS

¿Qué produjo Dios en Abraham que, hallándolo después, pudo decir de él “Abraham, mi amigo”? He aquí las bases de una relación única y maravillosa de un hombre con Dios.

Lecturas: Éxodo 33:11, 2 Cr. 20:7, Isaías 41:8, 
Hebreos 11:17-19, Stgo. 2:23.
Hay muchas cosas asombrosas en la Biblia. Pocas, sin embargo, lo son más que esto: que Dios deseara un amigo.

Podríamos pensar que Dios es capaz de cumplir plenamente todos sus propósitos sin necesidad de recurrir al hombre. Lo digo porque es sorprendente pensar que Dios, en toda su omnisciencia, su plenitud, su poder creativo, quisiera tener un amigo. Pero aquí está: “Abraham mi amigo ... el amigo de Dios”.

Algo único en la mente de Dios

Esto, queridos amigos, es algo único en la mente de Dios detrás de sus insondables caminos. Probablemente en toda la Biblia no hubo nadie que tuviera mayor razón que Abraham para pensar que los caminos de Dios eran muy especiales. ¡Cuán extraños le parecían! Y muy pocas veces ellos fueron fáciles. Casi cada paso, si no cada paso, le dejaba perplejo. Pero Dios fue guiado en todos sus tratos con Abraham por ésta única idea y consideración: tener un amigo, y traer a un hombre a tal asociación con él que fuera capaz de hablar de Dios como «mi amigo».


Ustedes saben, naturalmente, que este título y esta asociación están relacionados particular y especialmente con Abraham. Hay algunas expresiones maravillosas dichas acerca de otros hombres –Moisés, Daniel, “varón muy amado”–, pero “mi amigo” es el título exclusivo de Abraham. Para entender esto, hemos de examinar nuevamente el camino por el cual Abraham fue guiado y como él llegó finalmente al corazón de Dios.

Mientras la vida entera de Abraham es necesaria para la completa realización de este sublime compañerismo, es indudable que su consumación está ligada al incidente que todos conocemos: el llamado a ofrecer a su hijo Isaac. ¡Piense cuán preocupado estaba Abraham! ¿Lo llamó Dios para dejarlo todo, salir de Ur de los caldeos, sin más que una promesa de llevarle a otra tierra? Si conociéramos todo, veríamos que no fue un paso pequeño, porque hay razones para creer que Abraham era un hombre próspero e importante en Ur. ¿Le guió Dios a salir? ¿Le prometió un hijo, y luego desapareció y lo abandonó sin cumplir su promesa? ¿Le ató Dios más encima su vida completa con aquella promesa y con aquel hijo?

La misma justificación de su salida de aquel antiguo país, abandonándolo todo, estuvo enfocada y centrada en ese hijo. La vida entera de Abraham, la justificación total de su vida, y todo en su vida, estuvo centrado en él. Todos los mandatos y toda la guía de Dios a Abraham se remitían a Isaac. ¿Así Dios llamó, así guió, así prometió? ¿Constituyó a Isaac el vaso exclusivo de su propósito divino y la explicación y el significado de todas sus promesas a Abraham, para que Abraham no tuviese alternativa fuera de Isaac? Abraham intentó una alternativa y comprobó que Dios no estaba en ella. Intentó a través de Ismael, pero comprobó que no era el camino correcto. No había alternativa para su vida con respecto a Dios, su conocimiento de Dios, su historia con Dios, sino Isaac. Si Isaac no hubiera existido, su fe habría sido en vano, pues él no tenía nada más. Dios le habría fallado, y su vida habría sido un fracaso.

Naturalmente, si Isaac no hubiese existido, o si él hubiese muerto, habría habido enormes implicaciones. La implicación obvia es que Abraham había sido engañado, defraudado, y había seguido una línea falsa; que Dios se había burlado de él y le había tendido una trampa. Él había seguido a Dios confiando de todo su corazón en que esa era la voluntad divina para él, y se había comprometido sin reservas con lo que él creyó era el camino de Dios para su vida. Y todo ello centrado en Isaac.

Entonces oyó: “Toma tu hijo, tu único, Isaac, a quien tú amas ... Y ofrécelo” (Génesis 22:2). Queridos amigos, no podemos imaginarnos lo serio de la crisis a la que se enfrentó Abraham. ¡Fue algo terrible para él! Esto podría haber suscitado la pregunta acerca de qué tipo de Dios era su Dios, o quién era este Dios a quien él había dado su vida; y muchas otras preguntas e implicaciones. Toda su dirección, su consagración, sus largos años de esperar y deambular, su obediencia fiel; y ahora, de golpe, ver como si todo se hubiera roto. Haber sobrevivido a esto, y más aún, de manera victoriosa, explica lo que significa la amistad para Dios. Sí, ese es el significado, pero ¿cómo es eso?

Bien, si esta es la explicación divina de amistad, y si nosotros somos llamados a ser participantes de la naturaleza divina, y Dios está obrando con nosotros para alcanzar tal relación, esto será a través de la misma vía. Si usted y yo queremos acercarnos a esta relación, a esta suprema relación con Dios, y nuestros corazones responden a esta sugerencia y proposición para que Dios pueda ser capaz de hablar de nosotros como ‘sus amigos’ –y a la luz de esto, sin duda cada uno dirá: Sí. No hay nada que desee más que Dios hablase de mí como ‘mi amigo’–, entonces veamos lo que ello significa.

Lo que ser significa ser amigo de Dios

En primer lugar, significa un compromiso absoluto de por vida y con la vida a Dios, sin reservas y sin alternativas. Abraham no tenía alternativa. Esta relación, este caminar con Dios, era el todo o nada, por lo cual había sido sellado con pacto de sangre. Usted recordará la ocasión en que fue hecho aquel pacto. El sacrificio había sido partido en dos. La mitad fue puesta a un lado y la otra mitad al otro. Una parte era de Dios, la otra de Abraham. La sangre fue esparcida, y ellos juntos, en una verdadera figura, las manos unidas, se movieron entre las dos mitades. En la sangre de aquel sacrificio, cada uno se comprometió a sí mismo y con el otro en términos de sangre, o vida, para siempre. Dios “se acordó de su pacto” (Salmo 105:8). El pacto de Abraham con Dios fue de por vida. En el monte Moriah, Dios tomó la verdadera vida-sangre de Abraham, pero Abraham estaba en pie. Estaba en pie sobre la base real de su relación con Dios. Era un compromiso para siempre con su vida a Dios, y la consecuencia de esto fue: “Abraham, mi amigo”.

Estas son cosas difíciles de decir, y más allá de nuestra realidad presente, lo sé. Ninguno de nosotros reclamaría haber alcanzado este punto. Sin embargo, Dios está obrando en tal dirección.

Entrenador bañándose con su leona
La amistad, además, significa esto: confianza en el otro, cuando ni él explica su camino, ni nosotros podemos entender lo que está haciendo. Desde luego, esto es la amistad en los mejores términos humanos. Si hay una amistad verdadera, un amigo no siempre te explica por qué toma una cierta determinación, pero tú has llegado a confiar tanto en él que no exiges explicación. Estás listo para creer, sin una explicación, lo que sabes que está haciendo, y tienes una plena confianza. Esto es la amistad, aun cuando el otro calle y no diga nada.

Hay una breve reflexión sobre esto en la vida de Hudson Taylor. Después de haber estado largo tiempo en China, lejos de su país y de su esposa, él vino a casa y su esposa lo fue a recibir al barco. Tomaron un transporte juntos, y, desde luego, usted pensaría que inmediatamente ambos entablarían una amplia conversación acerca de todo lo sucedido durante los años que estuvieron separados. ¡Pero ellos hicieron aquel viaje en absoluto silencio– y ninguno se ofendió! No hubo palabra entre ellos, pero esta era la profunda comprensión del verdadero compañerismo. ¡Oh, algo así pasa con el Señor! Él está silencioso, y su silencio es la mayor prueba para nosotros. ¿Por qué él no habla? ¿Por qué no actúa? ¿Por qué no hace algo? Él está silencioso e inactivo, y parece ser indiferente. Ah, el creerle entonces es la sustancia de la amistad, un componente de la verdadera amistad.

“Creyó Abraham a Dios...” Usted ve que eso está unido con esto otro: el ofrecimiento de Isaac. Tener confianza en un amigo cuando él parece ser misterioso, extraño, inexplicable, incomprensible, reservado, silencioso, es un componente indudable de la verdadera amistad. Pero Abraham miró más allá del presente y de lo inmediato, y dijo en su corazón: “Esto no es todo. Esta no es la historia completa. Esto no es el final, porque no es el final de Dios. ¡Aun si esto es muerte!”  –¡Oh, el maravilloso triunfo de la fe!– “Aunque tengo que matar al hijo en quien todo está centrado; sin embargo, Dios es Dios, y Él puede levantar a los muertos. Aun si Isaac muere, Dios puede levantarlo. Miro más allá de la muerte, más allá de la situación presente que parece estar desprovista de toda esperanza, y veo a Dios extendiéndose más lejos. Creo a Dios. No entiendo, y no soy capaz de explicarlo, pero creo a Dios”.
Fue una gran prueba, y creo que esto está más allá de nuestra comprensión, pero tal es la base de la relación esencial con Dios. ¡Ciertamente este es el oro de la nueva Jerusalén!

¿Y en cuanto a Isaac? Él era la nueva esperanza, el eslabón en la cadena de todos los hechos de la administración de Dios, y la encarnación de esta amistad.

Ministros, pastores ,Maestros ustedes son el siguiente eslabón en la cadena de los dones de Dios y del testimonio de Dios sobre esta tierra. Pongan sus pies sobre el fundamento del eslabón anterior. Tomen el testimonio de Abraham y tomen esta posición: “Me someto sin reservas a mi Dios, de por vida y con mi vida; no como algo en mí mismo, no comenzando ni terminando conmigo, sino como un eslabón en esta poderosa cadena de los siglos.” Si ustedes hacen esto, serán la nueva esperanza para la siguiente etapa.

Desde luego, tras la figura de Abraham vemos a Dios el Padre y al Señor Jesucristo, y sabemos muy bien que cualquier esperanza nuestra hoy es real porque Dios levantó a Su Hijo de entre los muertos. Pero esa no es sólo una verdad concerniente a Cristo. Es una ley en los designios de Dios a través de toda la historia, que, si algo es bautizado en la muerte, en aquel bautismo continúa la prueba de la relación de corazón con Dios. Y ese es el punto. Cuando Jesús fue bautizado en la muerte sobre la Cruz, fue la prueba definitiva de su relación de corazón con su Padre. ¡Su corazón se rompió allí; pero, ¡oh!, estamos tan gozosos de que su última expresión fuera: “Padre, en tus manos...” (Luc.23:46). ¡Esta es la victoria! ¡Lo es de principio a fin! Antes, él había clamado: “¡Dios mío, Dios mío!”, pero ahora dice: “Padre...” Fue una prueba, la última, la prueba definitiva de su relación de corazón con su Padre. Y –nótelo–, cada bautismo en la muerte es eso.

Estamos siendo examinados, amigos queridos –por profundas y terribles pruebas en  la cruz del bautismo en la muerte–, acerca de dónde están nuestros corazones; si ocupados en las cosas, o en Dios; si nuestra vida está ligada a alguna cosa, o si lo está a Dios.
Vemos que este era el punto con Isaac. Después de todo, se ha confirmado que Abraham fue ligado con mucho más que con Isaac, ya que había sido ligado con Dios. “¡Bien! –dijo Abraham– Todo pareció haber estado centrado en Isaac, pero si Isaac se va, todavía tengo a Dios”.

¿Con que está ligada nuestra vida? ¿Con cosas? ¿Con la vida del trabajo? ¿Con qué? Seremos probados en cuanto a si es el Señor quien rige nuestro corazón. Si es así, no vamos a luchar por nuestros propios medios, nuestras propias metas, nuestros propios intereses o nuestras propias ideas, incluso en la obra de Dios. Es el Señor quien tiene que tomar la preeminencia por sobre todas las cosas, y sobre nosotros. Tal es la posición que Isaac personificó con Abraham.
¡Oh, queridos amigos, procuren que así sea su corazón para su Señor! Si lo es, ustedes tienen las bases de este glorioso final: “¡Mi amigo, mi amigo!”. ¿Vale la pena? Ciertamente sí, y que Él pueda decir al final: “¡Entra, mi amigo!”

VIVIENDO EN LA PLENITUD DEL AMOR

Kenneth Copeland

¿Qué le está diciendo el Espíritu de Dios hoy? ¿Qué le está diciendo acerca de su desarrollo espiritual, de su familia y de sus finanzas? Si usted está pasando por alguna dificultad,

¿Le ha Él hablado alguna palabra de victoria?

Como hijo de Dios nacido de nuevo usted debería saber la respuesta a esas preguntas. Considere por un momento lo que sería su vida si usted fuera lleno del amor de Dios. ¿Qué pasaría si usted estuviera rebosando de la presencia de Jesucristo todos los días cuando sale de su casa? ¿Qué pasaría si pudiera vivir en la plenitud del amor, de la sabiduría y del poder de Dios?
Si usted se encuentra en esa situación, voy a ser franco con usted. Es mejor que busque a Dios y le pregunte lo que usted debe hacer. Es mejor que guarde silencio y ponga atención a lo que Él tenga que decirle. Es mejore que se despoje del temor y empiece a confiar en Dios, porque si no, el diablo se va a aprovechar al máximo de usted.

Sin duda, su vida sería asombrosa.


Sin embargo, esa clase de vida sobrepasa las aspiraciones que la mayoría de los cristianos tienen. Muchos hasta pondrían en tela de juicio que tal vida sea posible. No creen que nadie en esta vida pueda alcanzar tal nivel espiritual.
Sin embargo, de acuerdo al Nuevo Testamento, están equivocados. En sus páginas vemos que esa es exactamente la clase de vida que los creyentes están llamados a vivir. Es la clase de vida que el apóstol Pablo tenía presente cuando, por inspiración del Espíritu Santo, escribió la oración de Efesios 3:14-21:
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo (de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra), para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

No hay duda de que Pablo creyó que era posible para los hijos de Dios nacidos de nuevo ser llenos de su plenitud. Él confiaba en que el poder de Dios podía hacer (por el gran poder del Espíritu Santo que habita en nosotros) más de lo que nuestro pequeño cerebro pudiera imaginarse.
Pablo sabía, por revelación divina, que Dios puede glorificarse por medio de nosotros.

Todo empieza con una semilla

Usted quizá diga: "Bueno. La verdad es que no sé cómo podría pasar eso. No veo cómo la plenitud de Dios podría ser una realidad en mi vida".
Pues, lea otra vez ese pasaje de Efesios, porque ahí dice exactamente cómo ser llenos de la plenitud de Dios. Debemos estar arraigados y cimentados en su amor. Debemos cultivar tal conocimiento y experiencia del amor de Dios que empezamos a comprender todo su alcance.
Como Dios es amor, cuando conocemos y vivimos su amor plenamente, estamos dando a conocer a Dios en su plenitud.

Sin embargo, ese conocimiento pleno del amor de Dios no nos cae del cielo como por arte de magia, si no que debe crecer en nosotros. Y, al igual que todas las cosas que crecen, debe empezar con una semilla. Esa semilla es el mandamiento de amar que encontramos en Mateo 22: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. . Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (versículos 37 y 39).

Como creyentes nuevos, cuando leemos ese mandamiento de amar por primera vez, tenemos muy poco conocimiento al respecto. Pero al empezar a meditar en este mandamiento, a confesarlo y a ponerlo en práctica en nuestra vida, empieza a arraigarse en nuestro corazón y en nuestra mente. Y si seguimos adelante, llegaremos a estar tan cimentados en este mandamiento que empezaremos a juzgar nuestra vida por lo que éste dice.

Entonces, por ejemplo, si alguien nos dice algo feo, en lugar de responder de una manera fea, empezamos a buscar el modo de guardar el mandamiento para responder en amor.
Cuanto más nos sometemos al amor, más crece y se fortalece la revelación del amor de Dios en nosotros. Nuestro conocimiento de ese amor aumenta y, como resultado, nuestras vidas serán más y más llenas de la plenitud de Dios.
Entra el diablo

En realidad es un proceso simple; tan simple que cabe preguntarse por qué se nos hace tan difícil. ¿Por qué perdemos de vista tan fácil y tan a menudo este mandamiento tan importante de amar?
Es porque el diablo se mete en el asunto. Él siempre está tratando de sabotear nuestro andar en el amor. Y la manera en que lo hace se nos explica claramente en Marcos 4. Ahí Jesús dice:

El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. (versículos 14-17)

Esos versículos revelan la manera en que opera el diablo. Nos dicen que en el momento que la Palabra de Dios es sembrada en nuestros corazones, él empieza a trabajar para quitarla de ahí; empieza a sacarla para que no heche raíces.
¿Qué herramienta utiliza para hacerlo?: La herramienta del tropiezo
Envía a alguien a que nos ofenda o hiera nuestros sentimientos. Hace que alguien nos irrite y nos provoque para que nos pongamos a pelear.
La palabra griega que se traduce "diablo" da la idea de alguien que está constantemente molestando, irritando, presionando y dando que hacer hasta poder lograr lo que quiere.

Así es como opera Satanás. Él no puede cambiar su método. Él busca la semilla de la Palabra sembrada en su corazón y empieza a molestarle con palabras o acciones groseras que alguien le dice o le hace. Él le acosa con la conducta irritante de otras personas. Le molesta y le molesta en todas las formas posibles y trata de provocarle para que usted reaccione contra el mandamiento de amar; porque si reacciona así, él tendrá acceso a su vida. Podrá penetrar su alma como una espina penetra su dedo, y él seguirá metiéndose por ese dedo hasta invadir todo su ser con su veneno.

Evite la discordia como si fuera una serpiente venenosa

No sin razón se nos dice en Efesios 4:26-27: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".
Dar lugar al diablo en nuestra vida por medio de la ofensa y la discordia, es como abrirle la puerta para que entre a robarnos la Palabra; y la Palabra es la que nos sana, nos protege, nos libra de la maldición y nos traslada a una vida de bendición. Y lo más importante: la Palabra es la que nos arraiga y nos cimenta en el amor de Dios.

Si de veras entendiéramos el mal que causa la discordia, la evitaríamos como a una serpiente venenosa; no tendríamos nada que ver con ella. Pero la mayoría de los creyentes nunca ha considerado seriamente lo que la Biblia dice acerca de la discordia, nunca ha dado importancia a versículos como:

Proverbios 10:12: "El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas".
Proverbios 15:18: "El que es iracundo provoca contiendas; el que es paciente las apacigua".

Proverbios 16:27-28: "El hombre perverso cava en busca del mal; en sus labios hay como una llama de fuego. El hombre perverso promueve contienda, y el chismoso separa a los mejores amigos".

Proverbios 17:14: El que inicia la discordia es como quien suelta las aguas, ¡abandona, pues, la contienda, antes que se complique!

La palabra que se traduce "contienda" o "discordia" implica falta de armonía, desacuerdo, lucha por la superioridad o por un puesto. La discordia, la contienda, surge cuando uno teme que alguien se va a aprovechar de uno. La discordia dice: tengo que pelear por lo que es mío.

Los creyentes que han alcanzado cierto grado de madurez espiritual saben que es mejor no pensar de esa manera. Saben que es mejor no ponerse a pelear cuando alguien les dice algo para ofenderlos. Espiritualmente, son lo suficientemente maduros como para ponerse a discutir con el pastor por algo que dijo, aunque no estén de acuerdo con él.

Así que el diablo los sorprende; les envía un diácono, que parece muy piadoso, quien se les acerca sigilosamente y les dice: "¿qué opina usted de la decisión del pastor en cuanto a ese programa? ¿En realidad cree usted que él tomó la decisión correcta?"

El creyente sabio cortará esa conversación ahí mismo; rehusará ponerse a discutir (aun mentalmente) sobre la decisión del pastor; reconocerá que el diablo está tratando de causar división en la iglesia, y por eso pondrá fin a esa discordia ahí mismo. Él dirá: "Mire, hermano. Yo apoyo al pastor y a la iglesia, y estoy entregado a Cristo. No sé por qué el pastor tomó esa decisión, pero ya lo hizo; así que es mejor que estemos unidos y lo apoyemos. Es más, ¿por qué no oramos por él en este momento?"

Esa clase de reacción pone coto a la contienda y pone en movimiento el amor de Dios.

¿Puede el diablo llevarle cautivo?

"Bien, hermano, Copeland -dirá usted-. Pero no puedo evitar el ofenderme cuando alguien me trata mal. Dios lo sabe. Además, esas advertencias contra la contienda están en al Antiguo Testamento. Como cristianos estamos bajo el Nuevo Pacto; estamos bajo la gracia. Las cosas son diferentes ahora".
De acuerdo, y gracias a Dios que son diferentes. Tenemos la sangre de Cristo que nos limpia del pecado y la iniquidad. Hemos nacido de nuevo y se nos ha impartido la naturaleza de Dios. Ya no tenemos que ser esclavos del diablo. Somos diferentes, pero el pecado no ha cambiado.

El pecado es tan pecaminoso como siempre. La discordia es tan peligrosa ahora como lo fue cuando se escribió el libro de Proverbios. Si tiene dudas, mire lo que dice Romanos 13:13. Ahí se nos insta a que "Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y libertinaje, no en contiendas y envidia".

Ese versículo no solo nos advierte, como creyentes neotestamentarios, a dejar la contienda, sino que pone a esta con muy mala compañía. La cataloga junto con la lujuría y la borrachera. 1 Corintios 3:1-3 confirma esa perspectiva. Ahí el apóstol Pablo les dice a los creyentes de Corinto que debido a la discordia no habían podido madurar y seguían siendo carnales (o mundanos). Él escribe: "De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?"

¡Imagínese tal cosa! Debido a la discordia entre ellos, el apóstol Pablo no podía enseñarles el alimento sólido de la Palabra. La congregación había descendido a tal condición espiritual que estaba funcionando como un grupo de incrédulos y mundanos.

La discordia hará lo mismo entre nosotros hoy en día. Entorpecerá nuestros sentidos espirituales. No nos dejará escuchar la voz de Dios. Si hay discordia entre nosotros o si nos sentimos ofendidos por alguien, si no nos arrepentimos y arreglamos las cosas, terminaremos diciendo: "Dios nunca me oye ni me habla".
Tenga presente que Dios nunca deja de hablarnos; Él no es un Padre ausente. Siempre está hablándonos, aconsejándonos, animándonos y edificándonos. Pero no podemos verlo así cuando hay discordia entre nosotros.

Eso debería ser razón suficiente para evitar la discordia a toda costa. Pero eso no es todo lo que el Nuevo Testamento tiene que decir acerca de este asunto. En 2 Timoteo 2:24-26, el apóstol Pablo dice: "Porque el siervo del Señor no debe ser amigo de contiendas, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Debe corregir con mansedumbre a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él".

Mire otra vez la última parte de ese versículo. Dice que el diablo tiene cautivos a los que son amigos de contiendas y discordias; son sus títeres.
Eso es algo muy serio y debemos tener presente que puede pasarnos lo mismo. Si andamos en contienda y discordia, si peleamos por poder y control o si nos ofendemos porque no nos tratan bien, terminaremos siendo cautivos del diablo. Nos pondrá a trabajar para él con solo tirar de la cuerda de la discordia. Y cuando lo haga, perderemos los estribos por cualquier cosa sin darnos cuenta, y terminaremos siendo sus siervos.

El amor nunca deja de ser

Estoy seguro de que usted no desea caer en eso; yo tampoco. Pero podemos evitarlo. ¿Cómo? Tenemos que darle prioridad al mandamiento de amar en nuestra vida. En lugar de ponernos a pensar cuánto nos han ofendido, pensemos en en el amor de Dios por nosotros y en todo lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Evitaremos la discordia si ponemos en práctica nuestro amor por el Señor.
Si alguien le saca de quicio, diga: "No puedo altercar con esa persona, no importa lo que haya hecho. Estaría desobedeciendo al Comandante en Jefe. Estaría irrespetando al Dios que amo".

Si una vez que haya dicho esas palabras aún se siente tentado a decir algo feo, ¡cierre la boca! No deje salir las palabras de ira y discordia de su corazón. Santiago 3:6 dice que esas palabras son como astillas que el infierno mismo utiliza para incendiar todo su ser. Así que no las diga; no empiece el fuego.
En lugar de eso, dé un paso de fe y responda en amor. Haga y diga lo que el amor haría y diría: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y el conocimiento se acabará" (1 Corintios 13:4-8).
Cuanto más practique el mandamiento de amar, más cimentado y arraigado estará en el amor. Y sin que se dé cuenta, andar en amor dejará de ser un mandamiento. Se convertirá en un honor, un privilegio y un gozo. No querrá vivir de ninguna otra manera. La semilla del amor estará creciendo en usted. Estará cimentado y arraigado en el amor. Empezará a conocer el amor de Dios, y al Dios de amor.

Si continúa andando en amor, cada día que salga de su casa estará rebosando un poco más de la presencia del Señor. Cada día estará viviendo más la vida a la que fue llamado y para la cual fue creado: ¡una vida llena de la plenitud de Dios!

LA LUJURIA

UN GIGANTE EN EL CAMINO DE LOS MINISTROS
Por CHARLES R. SWINDOLL

Sansón fue un hombre fuerte, pero con una gran debilidad por las mujeres. A pesar del hecho de que nació de padres piadosos, a pesar de que fue apartado desde su nacimiento para ser un nazareo y elevado a la envidiable posición de juez de Israel, él nunca conquistó al implacable gigante llamado lujuria. Al contrario, Sansón constantemente era conquistado por ella.
Algunas cosas que ilustran su inclinación lujuriosa se pueden observar en los registros de su vida que aparecen en el libro de los Jueces:

1. Las primeras palabras registradas que salieron de su boca fueron: Yo he visto en Timnat una mujer (14:2)

2. Se sintió atraído al sexo opuesto estrictamente por la apariencia exterior:
Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada (14:3)

3. Él juzgó a Israel por veinte años y luego volvió a su viejo hábito de perseguir mujeres: una prostituta en Gaza y finalmente Dalila (15:20-16:4).

4. Lo preocupaban tanto sus deseos lujuriosos que no se dio cuenta de que el Señor se había apartado de él (16:20).

Los resultados de las relaciones ilícitas de Sansón son conocidos por todos nosotros. El hombre fuerte de Dan fue llevado cautivo y se convirtió en un esclavo
en el campamento enemigo. Sus ojos fueron arrancados de su cráneo y fue designado para convertirse en el prisionero que movía un molino en una cárcel filistea.

La lujuria, un gigante encarcelador, ata, ciega y muele. El trigueño orgullo de Israel, quien una vez tuvo el más alto cargo en su tierra, era ahora el payaso calvo de filistea. Sus ojos nunca más volverían a mirar errantes. Su vida, antes llena de promesas y dignidad, era ahora un cuadro de la desilusión, la impotencia y la desesperación.

Anote en sus registros otra víctima de la lujuria. Los perfumados recuerdos de placeres eróticos en Timna, Gaza y el infame valle de Sorec, estaban ahora aplastados por la pútrida pestilencia de un calabozo filisteo.

Sin darse cuenta de esto, Salomón escribió otro epitafio. Éste era para la tumba de Sansón:
Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su
pecado. Él morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura.
(Proverbios 5:22-23).

Estas mismas palabras pudieran ser talladas en el mármol de muchas tumbas. Me
viene a la mente, por ejemplo, Marco Antonio, quien fue llamado el pico de oro de
Roma. Al inicio de su vida de adulto estaba tan consumido por la lujuria que en determinado momento su preceptor gritó muy disgustado:
Oh Marco, oh niño colosal... capaz de conquistar el mundo, ¡pero incapaz de resistir una tentación!

Pienso en un señor que conocí hace algunos meses. Un buen maestro bíblico itinerante. Me dijo que había estado manteniendo una lista confidencial de nombres de hombres que alguna vez fueron sobresalientes expositores de las Escrituras, hombres de Dios capaces y respetables, pero que naufragaron de su fe
en los bancos de arena de la corrupción moral. En aquel momento me dijo que la semana anterior había ingresado el nombre número cuarenta y dos en su libro de registros. Me dijo que esta estadística triste y sórdida había provocado que él tuviera extrema precaución y mayor discreción en su propia vida.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando me contó esa historia. Nadie es inmune.
Usted no lo es, ni yo tampoco. La lujuria no hace distinción de personas.

Sea por medio de un asalto salvaje o una sutil sugerencia, la mente de un gran número de personas es susceptible a sus ataques: hombres o mujeres, profesionales brillantes, amas de casa, estudiantes, carpinteros, artistas, músicos, pilotos, banqueros, senadores, plomeros, promotores y predicadores. Su tentadora voz puede infiltrarse en la mente más inteligente y hacer que su víctima crea sus mentiras y responda a su tentación. Y cuidado, este gigante nunca se rinde, a él nunca se le acaban las ideas. Ponga cerrojos en su puerta principal y golpeará en la ventana de su dormitorio, se arrastrará sigilosamente hacia su sala por medio de la pantalla de su televisor o le guiñará el ojo desde una revista en su estudio.

¿Cómo maneja usted a tan agresivo intruso? Lo invito a que trate esto. Cuando la lujuria le sugiera un tentador lugar de cita, envíe a Jesucristo como su representante.

Que Él le diga a su indeseable pretendiente que usted no desea nada con ella, nada. Que el Señor le recuerde que debido a que usted y Cristo han sido unidos,usted ya no es esclavo de gigantes. Su muerte y resurrección lo liberó de la sofocación del pecado y le dio un nuevo Señor. Y antes de dar al gigante de la lujuria un fuerte empujón para sacado de su vida, que Cristo le informe que la paz
permanente y el placer de que está disfrutando en su nuevo hogar con Cristo, son
mucho más grandes que la excitación temporal de la lujuria y que usted no necesita su compañía nunca más para mantenerle feliz.

¿Seguiremos pecando ahora que no tenemos que hacerlo? El poder que ejercía el pecado en nosotros quedó roto cuando nos hicimos cristianos y nos bautizamos para entrar a formar parte de Jesucristo, cuya muerte desbarató el poder de nuestra naturaleza pecadora. Simbólicamente nuestra vieja naturaleza amante del pecado quedó sepultada con El en el bautismo en el momento que moría, y cuando Dios el Padre, con poder glorioso, lo volvió a la vida, se nos concedió su maravillosa nueva vida para que la disfrutáramos (Romanos 6:3-4,' La Biblia al
Día.)


Pero la lujuria es persistente. Si ese gigante golpea a su puerta una vez, lo volverá a hacer. Y volverá otra vez. Usted está seguro tan sólo cuanto dependa del poder de su Salvador. Trate de manejado por sí solo y perderá todas las veces. Esta es la razón por la que somos exhortados una y otra vez en el Nuevo Testamento a huir de la tentación sexual. Recuerde que el gigante de la lujuria está comprometido a hacer la guerra contra su alma. Le meterá en una batalla de vida o muerte, en un combate mano a mano. Corra a esconderse. Grite pidiendo refuerzos. Solicite un ataque aéreo. Si usted se mete en una situación que lo deje indefenso y débil, si deja su puerta tan sólo un poquito entreabierta, puede estar seguro de que aquel antiguo gigante la abrirá con disparos poderosos. Por lo tanto, nunca la deje abierta. No le deje ni una rendija abierta.

José fue un creyente dedicado y bien disciplinado y lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que no podía bromear con el gigante de la lujuria sin ser vencido por él. Cuando llegó el momento para una apresurada huida, el hijo de Jacob prefirió dejar su chaqueta tras de sí, antes que dudar y dejar su pellejo.
The First Snow • Ashley Walters [lithriel]Pero Sansón fue tan qué pensó que pudiera acariciar la lujuria, inhalar su intoxicante perfume y disfrutar su caluroso abrazo sin correr el más mínimo riesgo de quedar atrapado. Lo que parecía ser una suave, inofensiva y atractiva paloma de amor secreto, se transformó en una maloliente y horrenda ave de rapiña.


La lujuria es una llama a la que ninguno debe atreverse avivar. Se quemará si lo hace.

Si Sansón pudiera ocupar mi lugar le entregaría a usted este mismo mensaje de advertencia, porque él, estando muerto, aún habla.

Jehová Jireh


Por David Yonggi Cho


Dios preparó todas las cosas buenas de ante mano.

El lo preparó porque quiere estar con nosotros. Tanto nos amó que se hizo nuestro Señor, nuestro hermano, nuestro esposo, nuestro salvador, el es nuestra morada e hizo que podamos ir a vivir al cielo. Si nuestra morada terrenal se deshiciere tenemos en el cielo una casa eterna, no hecha a mano, creada pro Dios. Por eso Pablo dijo que era mejor partir y estar en el cielo. También preparó todo de ante mano para que podamos vivir en la tierra. En 1° de Cor. 2:9 dice: Cosas que ojos no vio, ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre son las cosas que Dios ha preparado para los que le temen.

Dios ha preparado de ante mano cosas asombrosas muestras vivamos aquí en la tierra. Jehová Jireh significa el que provee.
Mientras caminemos por esta tierra, así sea un desierto; Dios ha preparado todo para que podamos caminar en el. El preparó todo para Israel en el desierto, y mucha más para nosotros que somos el Israel espiritual. Por ello tenemos que pensar mientras andemos por este mundo que Dios ha preparado ya todo para suplir nuestras necesidades.


Debemos vivir soñando, creyendo, y confesando que el ya ha preparado lo que necesitamos para resolver todo problema. Mateo 6:31-33 dice: No os afanéis diciendo: ¿Que comeremos? o ¿que beberemos? o ¿que vestiremos? porque todas esas cosas piden los gentiles; y vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas, mas buscad primero el reino de Dios y todas las demás cosas os serán añadidas.

Si vivimos camino al cielo Dios nos dará todo lo que necesitamos para llegar allá. Si nos dio el cielo, ¿Qué es lo que nos va a negar? Si nos dio a Jesucristo, ¿no nos va a dar lo que necesitamos cuando se lo pedimos? Yo, cuando estaba en la primera iglesia, experimente un gran milagro. Mi madre me avisó que vendría de Pusan. Tenía que atenderla por su venida, pero no tenia ni arroz. Ore muy angustiado a Dios y le pregunté que hacer.
Yo te sirvo y te sigo, ¡no dejes que sea avergonzado!; Ese día vino un hermano a predicar e hice la interpretación, pero estaba totalmente desconcentrado pensando en el dinero. Luego partí a la estación para recoger a mi madre. Angustiado metí la mano en el bolsillo para ver si había algo de casualidad, y había un sobre, Dentro había dinero, bastante para recibir a mi madre, atenderla y comprarle para su pasaje de vuelta. Pensé de todas formas y nadie lo pudo poner allí. Creo que fue un ángel. Y pude atenderla muy bien.

Dios tiene preparado todo lo que necesitamos para la vida diaria, Si dependemos de el y le pedimos, el hace milagros.
También tiene preparado la solución para nuestros problemas más íntimos, matrimoniales, familiares, del trabajo, de los hijos porque no hay quien no tenga problemas. En Jeremías 33:3 dice que clamemos a el y que nos enseñare cosas grandes y ocultas que no conocemos. Ansiedad, angustia, desesperación, y frustraciones clavan nuestros corazones, pero Dios nos muestra cosas que no hemos ni imaginado. Salmo 55:22 Dice: Encomienda a Jehová tu camino y espera en él, y él hará. Así que clamemos porque el ya tiene la solución.

El pastor Yorg Miullo que recibió 50 mil respuestas a sus oraciones dice: El poder de Jesucristo se ve en nuestras debilidades.
Cuanto más débiles somos, más se manifiesta el Señor. Si estamos mal debemos orar más, creer más, tener más paciencia, y eso traerá la bendición. Cuando estamos como en un callejón sin salidas, Dios nos espera a la salida. Si caemos en un pozo y no hay como salir, Dios prepara un túnel debajo de la tierra. Su poder no tiene límites. Sólo debemos arrepentirnos de nuestros pecados, buscarle y clamarle. Otra cosa que hace el Señor es convertir las cosas malas en buenas, Si alguien ha fracasado totalmente, el hace que sea para bien. Si ponemos en sus manos el mal que nos viene, el lo convierte en bendición. Entonces las cosas pueden verse muy mal a nuestros ojos humanos pero Dios sabe lo que esta haciendo. Y al final veremos que era para nuestra bendición. Romanos 8:28 dice: Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios y son llamados con un propósito. Así que no desmayemos durante los problemas, sino esperemos el buen resultado que el nos dará al final.

Una misionera en África se enfermó gravemente y no había medicinas. Para colmo no le llegaba el sueldo. Además en África sólo había para comer. Ella comió sopa de brote de soja por 30 días y se curó totalmente. Al volver a Europa testificó contando lo que le pasó. Un médico la inspeccionó y le dijo: Tiene mucha suerte. Si hubiera tenido dinero y hubiera comido otra cosa que no fuera esa sopa había muerto. Si hubiera comido algo grasiento moría al instante pro eso Dios permitió que no le envíen su sueldo. Así todas las cosas ayudan a bien.

En 1812 hubo un gran incendio en India. Wuiliams Keria y sus compañeros perdieron todo el trabajo de traducción de la biblia que estaban haciendo. El quedó desesperado y frustrado. Pero ellos le dijeron al Señor: Estamos seguros que esto será para bien así que te agradecemos. ¡Todo el trabajo de años se ha quemado! pero creemos que tú vas a cambiar esta desg
racia para bien. Ellos contaron en Inglaterra lo ocurrido, y el concilio de iglesias formó una comitiva para ayudarlos, proveyó dinero, pagó la publicación y todos lo necesario para hacerlo. Al final, los especialistas realizaron un trabajo más excelente y se tradujo en varios idiomas. Y pudieron evangelizar hasta China. Gracias a lo que ocurrió tuvieron más dinero, hubo más personas trabajando para ello, se tradujo mejor, y se publicó. Entonces no debemos desilusionarnos porque Dios no nos ayuda a que las cosas salgan como queremos porque el tiene un plan más excelente que al final será para bien. Dios dice que sus pensamientos no son nuestros pensamientos, y que ellos están más altos que los nuestros. Entonces debemos dejar todas las cosas en sus manos, porque el promete que nuestra justicia será como la luz del medio día que ira de aumento en aumento. Dios tiene preparado para nosotros de antemano todas las cosas. Dios preparó todas las cosas para ayudarnos en la vida. Cuando somos sus hijos y vamos en sus caminos podemos salir victoriosos de todas las dificultades que aparezcan. Porque el tiene el control de nuestras vidas. Si Dios nos dio a su único Hijo ¿cómo no nos dará todas las demás cosas que necesitemos? Hoy también nos dice: No temas porque yo soy tu Dios, siempre te ayudare, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Así que si creemos en el Dios que provee todo, tendremos paz, aunque no veamos nada, aunque no oigamos anda, ni tengamos ninguna prueba o señal.


Oración: ¡Poderoso Padre Dios! ¡Tú eres Jehová Jireh! Gracias por proveernos todo. Hemos creído en tu Hijo Jesús como nuestro salvador, y tenemos dificultades en el camino, gracias porque tienes todas las respuestas y soluciones para esos momentos. Si Tu estas con nosotros, ¿quien estará en contra? Si nos diste el cielo ¿que no nos vas a dar en la tierra? Gracias por tu fidelidad, y tu bondad. Ayúdanos a que todos creamos en Jesús, a que busquemos primero tu reino y tú justicia para que nos añadas lo demás y que podamos caminar con seguridad. En el nombre de Jesús. Amen.

Caracter cristiano

El Carácter de un Líder
Introducción:
A. El carácter es el fundamento esencial en el crecimiento y estabilidad de todo liderazgo.
B. Todos los personajes de la Biblia eran hombres de carácter, aunque fallaron muchas veces, el carácter que Dios había formado en ellos los hizo que se levantaran y no desmayaran.
C. Es necesario que aprendamos lo que es el carácter y que conozcamos la condición de nuestro carácter.
Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé.
Hebreos 13:5
I. El carácter
A. Son aquellas cualidades morales que cada individuo tiene. En su raíz griega la primera traducción es confiabilidad.
B. Nuestro carácter determina si el valor de las cosas que hacemos son excelentes o son pobres. Si son pobres y de poco valor es porque así es nuestro carácter.
C. Pero si lo que hacemos con excelencia y está bien hecho, es porque así es nuestro carácter.
D. El carácter también se puede definir como la señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en alguna cosa.
E. Como discípulos del Señor debemos trabajar para que el carácter de Jesucristo sea formado en nosotros.
F. “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros.” Gálatas. 4:19.
G. Hoy nos representan los títulos y pretendemos que ellos hablen por nosotros. Pero es el carácter el que dice lo que somos.
H. La forma en que un líder trata con las circunstancias de la vida dice mucho de su carácter. Las crisis no necesariamente forman el carácter, pero sí lo revelan.
I. En una adversidad el líder tiene dos caminos donde debe elegir uno de los dos: compromiso o carácter. Si elegimos el carácter nos volveremos más fuertes.

II. Las acciones, las decisiones y el carácter

A. El carácter es más que hablar, cualquiera puede decir que tiene valor, o sinceridad, pero las acciones son las indicadoras de nuestro carácter real.
B. Nuestro carácter determina quienes somos, lo que somos determina lo que vemos, y lo que vemos determina lo que hacemos.
C. Nuestro carácter no se puede separar de nuestras acciones. Sansón era un campeón de Dios, ungido con problemas en su carácter, a él no le importaban los valores, como la fidelidad y la integridad.
D. El carácter es una elección; es decir, hay muchas cosas en la vida sobre las cuales no tenemos control. Un ejemplo: no podemos escoger a nuestros padres, no podemos escoger el lugar donde nacemos, no podemos escoger nuestros talentos, etc.
E. Pero si podemos escoger el carácter que deseamos tener. Cada vez que hacemos una elección estamos creando nuestro carácter.
F. Un ejemplo: tomar el dinero fácil o pagar el precio de esforzarnos hasta obtener lo que deseamos; doblegarnos ante la verdad y mentir o mantenernos bajo el peso de ella pase lo que pase.
G. Entre más crecemos más decisiones tomamos, y al tomar decisiones estamos formando nuestro carácter.
H. El talento no es un indicador del carácter. Hemos conocido mucha gente talentosa que repentinamente se ha desmoronado al lograr cierto nivel de éxito.
I. La clave estriba en el carácter débil. La gente no va a seguir a aquellos que tienen un carácter débil o que tienen grietas en su carácter.
J. Saúl era un hombre muy talentoso, era de buen parecer, era muy hábil, pero tenía grietas en su carácter, una de ellas era su arrogancia, la otra era su temor por el surgimiento de otros líderes como él o mejores.
K. Estas grietas en su carácter lo llevaron a la autodestrucción de su reinado.

III. La integridad con relación al carácter

A. El diccionario Webster describe la integridad como: Adhesión a principios éticos y morales; carácter moral sólido; honestidad.
B. Es importante entender que los principios éticos no son flexibles. Una mentirilla blanca es una mentira. Robar es robar, ya sea un dólar o un millón.
C. Las enseñanzas de Jesús son más claras en cuanto a las exigencias de la integridad o al carácter de un líder.
D. Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Mateo 5:28.
E. Cuando hablamos de carácter no podemos dejar a un lado los principios de moralidad que muchas iglesias hoy han olvidado.
F. Alguien dijo: “El carácter se hace en los momentos pequeños de nuestras vidas”. En otras palabras siempre que quebrantamos un principio moral, estamos creando una pequeña grieta en nuestro carácter.
G. Uno de los errores que cometemos es tratar de mirar fuera de sí mismos para justificar nuestras deficiencias en el carácter. Recordemos que el desarrollo de la integridad es un trabajo interno.

IV. El carácter de un líder

A. Hay una diferencia abismal entre el carácter y la reputación. El carácter de un líder debe de:
1. Ser permanente.
2. Tener responsabilidad.
3. Añadir valor a otras personas.
4. Construir un legado para el futuro.
5. Generar respeto e integridad. Y todo esto lo mantiene allí.
B. Salomón dijo: De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.
C. La palabra nombre en sus raíces hebreas y griegas se traduce como carácter.
D. Hay que preocuparse más del carácter que de nuestra reputación. Moody dijo: Si me ocupo de mi carácter, mi reputación se ocupará de sí mismo.
E. Para que nuestro carácter cambie necesitamos dejar que el Espíritu Santo trabaje en nuestro ser interior a través de la Palabra.
F. Entendamos que el Espíritu Santo no lo va a hacer a menos que nosotros nos rindamos y estemos dispuestos a ceder todo al Señor.
G. “Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos.” Proverbios 23:26.
H. Veamos un poema acerca de la diferencia entre nuestro carácter y la reputación:
Las circunstancias en las que vive determinan su reputación
la verdad que cree determina su carácter
La reputación es lo que se supone que sea;
el carácter es el rostro
La reputación viene de afuera;
el carácter crece desde adentro.
La reputación es lo que tiene cuando llega a una nueva comunidad
el carácter es lo que tiene cuando se marcha.
Su reputación es lo que se hace en un momento
su carácter se edifica a través de toda una vida.
Su reputación se aprende en una hora;
su carácter no sale a luz hasta pasar un año.
La reputación crece como un hongo
su carácter dura una eternidad.
La reputación lo enriquece o lo empobrece
el carácter lo alegra o lo hace infeliz.
La reputación es lo que los hombres dicen de usted en la tumba
el carácter es lo que los ángeles afirman de usted ante el trono de Dios.
Conclusiones:
1. ¿Qué es el carácter?
Son las cualidades morales que un individuo tiene.
2. En su raíz griega ¿cómo se puede traducir la palabra carácter?
Confiabilidad.
3. ¿Cómo podemos darnos cuenta del tipo de carácter que tenemos?
La manera en que enfrentamos la adversidad evidencia nuestro carácter.
4. ¿Cuáles son los indicadores de nuestro carácter?
Nuestras acciones.
5. ¿Podemos decidir cambiar nuestro carácter?
Sí.
6. ¿Qué relación hay entre el carácter y la integridad?
La adhesión de los principios éticos y morales.
7. ¿Cómo debe de ser el carácter de un líder?
Permanente, responsable, que añada valor a otros, que construya un legado para el futuro y que genere respeto e integridad.