¿ES UN AVIVAMIENTO DESDE EL TRONO ?


Por Caio Fabio
¿Se puede considerar el gran crecimiento numérico que experimenta la iglesia en América Latina como genuino avivamiento? ¿En que consiste un verdadero avivamiento? ¿Cuales son sus características y sus consecuencias trascendentes?En tiempos como los actuales, es absolutamente necesario encontrar respuestas a estas interrogantes. Caio Fabio, con maestría y fuerza , aborda el tema con mucha claridad bíblica y autoridad espiritual."El Avivamiento que esperamos o se realiza a la manera de Dios, o muere en la ilusión de una alegría evangélica superficial e inoperante. Podemos simplemente llegar a ser mayoría dentro de un país de inmorales, de miserables, sin que nada cambie sustancialmente a nuestro continente". "Lo que la Iglesia necesita hoy es un Avivamiento que proceda del trono de Dios, y que cambie la historia".

¿Un avivamiento a la latinoamericana?

Centralidad del trono

Muchos tipos de avivamiento han ocurrido en medio nuestro en los últimos tiempos. Sin embargo, sólo hay uno que puede cambiar el curso de la historia: el avivamiento que procede del trono del Señor.
Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.

Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: “Santo, santo, pinto, es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.”

Y siempre que aquellos seres vivientes ±.- gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”
Apocalipsis 4
Deseo enfocar el avivamiento integral a partir del Apocalipsis por dos razones:

1º) Vivimos tiempos apocalípticos.

Al leer la palabra de Dios y compararla con la situación humana en que estamos envueltos hoy, percibimos ciertas señales que resultan decisivamente apocalípticas. Por ejemplo, la globalización política, las catástrofes naturales, la devastación ecológica, la miseria, la unificación económica, la violencia, el ardiente deseo de morir, la contaminación del medio ambiente, la brujería, la idolatría, los absolutismos económicos, la seducción que nos llega y de alguna forma esclaviza el deseo humano. Todas esas son señales, marcas, que destacan contenidos bastante apocalípticos dentro de la historia de nuestros propios días.

2º) El Apocalipsis revela mejor que ninguna otra escritura el trono de Dios.

En mi opinión personal, cualquier proyecto posible de avivamiento que no comience con una visión impactante del trono de Dios, no tiene chances de producir un avivamiento que nos desafíe y modifique nuestras vidas. Por una simple razón: del trono de Dios provienen todas las cosas. En la visión del Apocalipsis, el trono es el centro del universo, y debe convertirse en el centro de nuestras propias vidas.

La palabra “trono” aparece más de 230 veces en la Biblia. De ellas, 45 veces en el libro de Apocalipsis. Solamente en el capítulo 4 la encontramos 12 veces. Podríamos afirmar que en la visión del Apocalipsis todo ocurre alrededor del trono. Aparte del trono de Dios, nada significativo puede suceder. Juan señala que delante del trono hay un arco iris semejante a una esmeralda, veinticuatro tronos y un altar de oro lleno del incienso de la adoración.

Del trono parten relámpagos, voces y truenos; también sale de allí el río de agua de la vida. Ante el trono arden siete antorchas, que son los siete espíritus de Dios, y se extiende un mar transparente como el cristal. También del trono proceden grandes decisiones que avalan e impactan a los ángeles. Enfrente de él aparecen extraños seres vivientes, casi indescriptibles, y veinticuatro ancianos, junto con multitudes incontables, purificados por el Cordero. Ellos son los que tienen el privilegio de permanecer alrededor del trono. Y aún más, delante del gran trono blanco la humanidad entera será juzgada, grandes y pequeños, ricos y pobres, débiles y poderosos. El Apocalipsis declara quien es aquel que está en medio del trono: el Cordero de Dios, el mismo que fue muerto, pero que vive por los siglos de los siglos, amén.

El trono de Dios en la experiencia de Israel

Los grandes momentos de quebrantamiento, de entrega apasionada, de devoción profunda y de compromiso con la santidad de Dios que acontecieron en la historia de la fe tuvieron lugar siempre que el pueblo de Dios pudo ver el trono, y temió y tembló delante de Aquel que está sentado en él.
Cuando consideramos la historia bíblica, notamos que estos acontecimientos están siempre impregnados de una percepción fortísima de la santidad, de la soberanía y de la realeza de Dios.

Por ejemplo, cuando se prepara Abraham para matar a su hijo. Levanta el instrumento mortal, pero Dios no le permite concluir su acción. Esto queda fuertemente grabado en la mente de su hijo Isaac. De allí en adelante, el libro de Génesis no vuelve a hablar del Dios de Isaac. Dice “el Dios de Abraham” y “el Dios de Jacob,” pero cuando lo menciona en relación con Isaac, lo llama “el temor de Isaac.”

Al ser afirmado Dios como el Señor de los señores, la voluntad de las voluntades, la referencia de las referencias, el absoluto de los absolutos, ante cuya realidad todas las demás cosas se tornan relativas, en la mente de Isaac se imprime una verdad que definiría para siempre su propia existencia y su percepción del Señor: “Si Dios es el Dios que está en el trono, yo tengo que temer y temblar delante de El.”


En el capítulo 28 de Génesis, Jacob tiene un sueño donde ve una escalera que llega al cielo. Cuando despierta dice: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.”



En el libro de Éxodo el trono de Dios aparece muchas veces en el desierto. En esas ocasiones la gloria de Dios es reafirmada, ocurren maravillas, paran las sediciones, la tierra traga a los rebeldes, se doman los indomables, hay alegría y fiesta entre los ancianos de Israel en el monte. Siempre que el trono de Dios se hace manifiesto algo sucede.

Recordemos la santa angustia de Gedeón al ver al ángel del Señor. Exclama: “Pobre de mí, porque yo he visto al ángel del Señor cara a cara.”
El arca del pacto de Dios produce temor y temblor dentro de las manifestaciones de culto del pueblo de Israel. El profeta Elí, al oír que el arca ha sido robada, cae de espaldas, se rompe la cabeza y muere. Quienes tocan el arca mueren; los que miran dentro mueren. Es una confirmación muy fuerte de que hay alguien sentado en el trono.

Notemos la oración de Salomón al colocar el arca en el templo. Cada vez que el nombre de Dios es exaltado, se percibe claramente el trono de Dios. Dice la palabra que los sacerdotes no podían entrar al templo a causa de la presencia de la gloria de Dios (2º Crónicas 7:2,3).

Consideremos el trono en la experiencia de Daniel. En el capítulo 7, versículo 15, Daniel declara: “se me turbo el espíritu,” al ver al Anciano de días y el trono. En el capítulo 8, versículo 27 señala: “quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, estaba espantado a causa de la visión,” y en el 10:16,17: “Con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi Señor hablar con mi Señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento.”

El trono también aparece en la percepción de Ezequiel tocante a la gloria de Dios, con el mismo resultado. El dice: “Cuando yo lo vi, me postré sobre mi rostro” (Ezequiel 1:28). El trono aparece como el lenguaje de la soberanía de Dios a través de todo el Nuevo Testamento.

El trono en los grandes avivamientos
El trono está en el centro de todos los acontecimientos de la historia que legítimamente podamos llamar “avivamientos.” ¿Que acontece en los días de Whitefield y John Wesley en Inglaterra, sino el despertar de una fortísima percepción en cuanto a que hay alguien en el trono, y que él es Santo, Santo, Santo? Qué sucede en los días de Carlos Finney, sino una recuperación de esta misma percepción? Hay alguien en el trono, y él es Santo, Santo, Santo. Que ocurre en el tiempo de Jonathan Edwards? La misma percepción de la santidad de Dios.

Avivamiento sin trono “a la latinoamericana”

Pero ahora, América Latina enfrenta un tremendo peligro: la posibilidad de tener un avivamiento sin trono.” Podemos llegar a crear aquello que Dios llamaría “un avivamiento ala latinoamericana.” Se trata de un avivamiento sin temor y temblor. Mn más, un avivamiento sin la presencia del Dios Santo. Un avivamiento sin trono es cualquier cosa menos un avivamiento. Y no va a cambiar la historia. Me aflige muchísimo observar la tasa de crecimiento de la iglesia en mi país, Brasil. Cuando analizo la situación de la nación, y considero el tipo de contribución que han hecho al país las iglesias de gran crecimiento numérico, mi corazón se entristece profundamente. De continuar creciendo como lo estamos haciendo, llegaremos a ser mayoría en poco tiempo, pero mayoría en un país de miserables, mayoría en un país de corruptos, mayoría en un país de inmorales, mayoría en un país vendido a la prostitución. Una mayoría que no produce cambios, porque no experimenta en sí misma ninguna diferencia con respecto al mundo.

Tiempo atrás me enteré de que el 45% de los niños que se encuentran en las casas de recuperación del gobierno de Brasil, niños de la calle, abandonados, tienen familias evangélicas.

¿Podemos creer en un avivamiento de este tipo? Yo creo en los avivamientos. Pero no quiero uno que deje un 45% de niños en las calles.

¿Creen en las visiones? Yo sí. Creo en las visiones, en las revelaciones, en las profecías. Pero no creo en un avivamiento que abunda en visiones de los cielos, pero no abre sus ojos para ver la realidad cruda que envuelve la vida.

El “avivamiento a la latinoamericana” tiene mucho de legalismo, pero desconoce la santidad. No puede hacer lo que debería: vivir, contentarse, comer y alegrarse. Y puede hacer lo que no debería: mentir entregar, engañar.
El “avivamiento a la latinoamericana” desborda de emociones, pero sin consecuencias profundas en cuanto a un cambio de vida en aquellos que asisten a los cultos. Estamos muy concentrados en las risas y caldas en el Espíritu. Yo también creo en eso. Soy un presbiteriano profundamente pentecostal. Pero la cuestión no es caer por el Espíritu, sino andar en el Espíritu. Caer por el Espíritu es muy fácil. Andar en el Espíritu ya es otra cosa.

Al “avivamiento a la latinoamericana” le gusta manipular el poder de Dios, pero no acepta someterse a la palabra del Dios de poder. Este es el peligro moderno: jugar, manipular el poder del Espíritu, pero sin someterse a la palabra del Espíritu. El “avivamiento a la latinoamericana” vibra a causa de los milagros extraordinarios, pero no vibra con la misma intensidad con relación a la práctica de la justicia y de la verdad.

si usted quiere mimar un poco su propio ego y escuchar muchos “amen” y “aleluya,” tenga en cuenta esta lista. Cuando usted afirme estas cosas, la gente se va a poner de pie para aplaudirlo. Diga, por ejemplo, “Jesús va a derribar la idolatría”, o “Jesús va a destruir a los espíritus malignos, los dioses de la opresión espiritual,” o “Dios va a sanar a los enfermos presentes aquí.” Los “aleluyas” resonarán de tal manera en el ambiente, que usted no podrá siquiera continuar. Pero, en cambio, dígales que el Señor es un Dios de justicia que derriba a los poderosos inicuos, que desenmascara a los pastores impuros, que quiere purificar el liderazgo de la iglesia, que está interesado en que los hombres de negocio cristiano no sean injustos como los demás, y no escuchará ni un aleluya” salir del auditorio.

Este es el “avivamiento a la latinoamericana” que sólo tiene “aleluyas” para lo que es agradable, pero no tiene un “amen” para la totalidad de la voluntad de Dios.
El “avivamiento a la latinoamericana” Celebra el extraordinario número de los que entran por la puerta del frente de las iglesias, pero no considera la tragedia de los que salen por la puerta de atrás.

Hace dos semanas secuestraron a la hija de un amigo mío, en la ciudad de San Pablo. Fue una situación terrible. El me llamó por teléfono para pedirme que fuera. Dos horas después estaba en su casa. Aquel mismo día, a las diez y media de la noche, la chica fue devuelta. Y nosotros alabamos a Dios. Pero la verdadera tragedia tuvo lugar al día siguiente, al conocerse la noticia de quienes habían sido los secuestradores: cinco muchachos pertenecientes a una iglesia evangélica vecina.

El “avivamiento a la latinoamericana” se alegra cuando ye a las personas saltar para Jesús, pero no siente compromiso en enseñarles a vivir para Jesús.
El “avivamiento a la latinoamericana” anima a la gente a levantar las manos al cielo (lo que es bueno y hermoso), pero no le dice nada sobre extender la mano al prójimo.

Un centro de investigaciones y estudios de la ciudad de Río de Janeiro informó hace un año que no existe ninguna otra institución en Brasil con la credibilidad de la iglesia evangélica. Lo trágico es que ellos señalaron que si los evangélicos dedicaran el 5% de su tiempo a realizar cualquier obra de bien durante la semana, la población entera de la ciudad notaría la diferencia. Por lo menos, los niños de la calle tendrían algún lugar donde estar. Solo el 5% de nuestro tiempo! Nuestros templos están llenos de personas con las manos alzadas al cielo. La alegría del Señor será que todos los que traen manos limpias para celebrar su nombre también tengan manos generosas para abrirlas al prójimo.

El “avivamiento a la latinoamericana” me una Biblia en manos de cada creyente, pero no lo inspira al conocimiento de la palabra de Dios en su corazón. Cuanto más transformamos la palabra de Dios en un libro, menos la tenemos en el corazón. Un libro se puede poner debajo del brazo. Puede hasta ser el adorno de nuestra espiritualidad. La versión aún denuncia el tipo de actitud teológica que tenemos. Pero la tragedia evangélica es que para nosotros la Biblia es el libro de Dios, pero no la palabra que mora en el corazón. Somos el pueblo del libro y no el pueblo de la palabra.

Aún más. El “avivamiento a la latinoamericana” es aquel que habla de derribar lo ídolos paganos de la sociedad, pero resulta inoperante en cuanto a doblegar el ego autoglorificado de los líderes de la iglesia al Señor de los señores. El avivamiento empieza por el quebrantamiento del ego de los líderes de la iglesia.
El “avivamiento a la latinoamericana” filtra los mosquitos de las más legítimas alegrías humanas, pero traga los camellos de las más asquerosas contiendas por el poder y manipulación de las conciencias. No tiene patrones mínimos de ética en la vivencia de la fe cotidiana.

El “avivamiento a la latinoamericana” enseña que cualquier negocio es válido, con tal que dé como resultado la predicación del evangelio.
Antes de la calda del presidente Color de Melo, recibí el llamado de un diputado del Congreso brasileño, evangélico. Me dijo que el presidente lo habla invitado a un almuerzo. En aquel encuentro, lo miró y dijo: “Te daré todo lo que quieras si consigues que todos los evangélicos voten por mí.” “Hermano Caio,” me preguntó, “¿tengo que votar contra la acusación a Color de Melo? El me ofreció muchas cosas.”

Le contesté: “Hermano, ¿no oyes el eco de una declaración semejante hecha hace dos mil años por un ‘emperador’ mucho más poderoso, que en el desierto de Judea decía: ‘Todo esto te daré si postrado me adorares’?”
“Pero, hermano Caio, el presidente nos concederá algunos canales de televisión, algunas estaciones de radio...”
Para predicar el evangelio, ¿vale hacer el gol con la mano como Maradona en el mundial de fútbol?
Le respondí: “Hermano, hay uno que es juez recto. No hace componendas.” Si queremos hacerle un gol con la mano al diablo, no podremos. Un gol con la mano no se hace nunca contra el diablo, sino a su favor. Aunque sea en el nombre de Jesús. Dios es Dios de verdad y de justicia, y su nombre no está a la venta.

El “avivamiento a la latinoamericana” es aquel que aplaude con más regocijo la visita de las autoridades inicuas a los cultos que la exaltación del trono de Dios sobre esos gobernantes. Concede el uso de la palabra a tales autoridades y las honra, pero niega el derecho a hablar a algunos sencillos santos que están en medio nuestro.
El “avivamiento a la latinoamericana” es el que viene para robar, matar y destruir. Matar, porque quiere vivir para los placeres. Robar, porque saquea los bolsillos de los hermanos a través del continente en nombre de la fe. Y destruir, porque ha vuelto desequilibradas, insanas, a muchas personas en nombre del avivamiento.

El avivamiento que deseamos es el que parte de aquel que dice: “Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”

En cierta ocasión fui entrevistado para un programa televisivo. En el mismo fue entrevistada una actriz. Cuando terminó, en el hall ella me dijo: “Fue muy bueno conocerlo y hablar sobre Dios. Jesús es la cosa más linda en que podemos pensar. Yo he tenido una experiencia muy terrible hace muy poco. Una chica, amiga de mi hija, se convirtió a la iglesia evangélica. Antes de su conversión, tenía un rostro bello, sonriente y alegre, lleno de vida, y un hermoso cabello. Pero luego cambió. Su rostro empalideció, sus facciones ya no son bonitas, perdió la sonrisa.” Entonces me preguntó: “,Qué pasa con su iglesia que cuando las personas se convierten se las ve mal?”

En el “avivamiento a la latinoamericana” se grita mucho, pero no se llora. Se canta mucho, pero se alaba poco. La gente se arrodilla con mucha facilidad, pero se somete a Dios con gran dificultad. Se predica mucho y con mucha frecuencia contra el pecado, pero se vive con absoluta tranquilidad y descaro la práctica del pecado.
El “avivamiento a la latinoamericana” es aquel que enseña a los cristianos a celebrar su bendita prosperidad material con mordacidad, ironía e impiedad mientras contempla la miseria del resto de la sociedad sin ningún tipo de compasión por ella.

Hace un tiempo tuvimos una tragedia en Brasil, a causa de las lluvias. Le pedí a la secretaria de la Asociación Evangélica Brasileña que, juntamente con el Ejército de Salvación, movilizaran a algunas personas a fin de reunir recursos para ayudar a la población afectada. Ella tomó una lista de líderes evangélicos y comenzó a llamarlos por teléfono para solicitarles ayuda.

Uno de ellos le respondió: “Dile al pastor Caio que voy a ayudar en consideración a él, que es un hombre de Dios, pero me gustaría que quedara bien claro que sólo lo hago en consideración a él. Para mí los pobres, los miserables y los incrédulos no son dignos de mi compasión.”

Esta “teología de la prosperidad” tiene apariencia de avivamiento, pero tras si simulación esconde mordacidad, cinismo, ironía e insensibilidad para con los otros. En el “avivamiento a la latinoamericana” hay líderes evangélicos que prohíben a los miembros de sus iglesias hacer elecciones políticas sanas, en beneficio de la historia, circunscribiendo todo su aporte a la lucha en las regiones invisibles, mientras que ellos mismos realizan maniobras políticas antiéticas a fin de favorecerse personalmente con la alienación del pueblo en las instancias más concretas de la historia.

El “avivamiento a la latinoamericana” hace crecer el número de los “fieles” en las iglesias de América Latina, pero no cambia en nada el continente.
O ese avivamiento se convierte en verdad ero avivamiento, o resultará nuestra mayor catástrofe al cabo de veinte años.
Si el “avivamiento a la latinoamericana” prevalece, habremos obtenido un continente de mayoría evangélica, cuyas expresiones de vida serán absolutamente parecidas a los grandes períodos de “victoria” de la cristiandad en Europa. Tenían reyes cristianos, cortes cristianas, oficialatos cristianos, pueblos cristianos, pero coexistían a la vez las más perversas formas de explotación del prójimo, las más extrañas aberraciones religiosas, y las más descaradas asociaciones entre la iglesia y el poder.
Aún más. Fueron tiempos en que se intento colocar a Dios al servicio de los intereses grandiosos de los explotadores de la fe, y la fe que rescataba a los hombres del paganismo circundante, se tornó en un infierno que atormentaba a aquellos rescatados, que vivieron luego una desgraciada existencia, enferma y sin dignidad.

Se que estoy diciendo el tipo de cosas a las que ninguno va a responder “aleluya” o amen.” Yo no soy profeta. Pero no se necesita ser profeta para notar que la realidad de Argentina no difiere mucho de la realidad de Brasil.
Tenemos la opción de continuar con el teatro del “avivamiento a la latinoamericana,” o elegir temer, temblar y quedar postrados delante de aquel que está sentado en el trono.

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